La hortiterapia como semilla de inclusión, dignidad y esperanza
Hoy, como comunidad Fondacio, damos gracias por la vida y la entrega de Mónica. No es una despedida definitiva, sino el cierre de un ciclo profundamente fecundo. Después de más de dos décadas de servicio, Mónica ha decidido dar un paso al lado para descansar, dejando una huella que sigue viva en nuestra historia y en cientos de personas.
Mónica fue una de las primeras en creer en el proyecto de hortiterapia para personas con discapacidad, cuando aún era un sueño pequeño, frágil y desafiante. Desde su vocación como terapeuta ocupacional y desde una convicción muy profunda, apostó por un espacio donde la tierra, las plantas y el cuidado mutuo se transformaran en herramientas de dignidad, confianza y crecimiento personal.
Así nació, en el año 2006, el Centro Ocupacional Hortiterapéutico (COH), comenzando con solo cinco personas. Lo que parecía un taller sencillo fue tomando forma y sentido, convirtiéndose con los años en la semilla de lo que hoy es la Cooperativa Hortinclusiva de Fondacio, un proyecto de inclusión sociolaboral real, construido con paciencia, perseverancia y fe en las capacidades de cada persona.
Mónica abrió camino cuando casi no había camino. Creyó antes que muchos que las personas con discapacidad no necesitan ser asistidas desde la carencia, sino acompañadas desde sus talentos, sus ritmos y su dignidad. Su manera de estar fue siempre profundamente humana: escuchar, respetar, sostener procesos y celebrar cada pequeño avance como un gran logro.
Su historia, su visión y su testimonio quedaron también recogidos en el podcast Voces de Fondacio, donde compartió cómo la hortiterapia no solo favorece el bienestar físico y cognitivo, sino también el emocional y espiritual. Para Mónica, la naturaleza siempre fue un puente hacia la vida, hacia la confianza y hacia Dios, un espacio donde cada persona puede sentirse parte y descubrir su valor.
Hoy, aunque decide descansar y dar un paso al lado, seguimos contando con su luz a través del voluntariado. Porque Mónica no se va. Es, y seguirá siendo, parte viva de esta historia que continúa creciendo, brote a brote, persona a persona.
Gracias, Mónica, por toda tu entrega.
Gracias por creer, por sembrar y por acompañar.
Tu legado florece en cada espacio de inclusión que hoy sigue dando vida.


