Yo Francicso

Clara Mi Hermana

Ya contaba con varios compañeros y esperábamos a otros muchos, pero… faltaban las compañeras.

¿Es que había ideales únicamente para hombres?

Yo-FranciscoPor otra parte, era más que evidente que los ideales que íbamos descubriendo y viviendo, los sabían vivir las mujeres mucho mejor que nosotros, tan groseros y violentos.

Sobre la no violencia, sobre el amor al pobre, sobre la elección del último lugar eran verdaderas maestras. Lo sabíamos de sobra.

Todos teníamos recuerdos del pasado: hermanas en la familia, compañeras de juego, enamoramientos juveniles.

Cuántos sueños en todos, especialmente en mí que había debutado precisamente como cantor y juglar.

La ?gura de la mujer había entrado en nosotros, hijos de esta maravillosa tierra umbra, como dulzura, bondad y delicadeza.

¿Quién no había soñado con los ideales de la caballería?, ¿quién no había cantado en las ?estas de primeros de mayo por los Campos ?oridos de Asís?

Yo, Francisco, tenía muchos recuerdos de la mujer; recuerdos todos muy bellos y queridos, pero sobre todo una no se apartaba de mi memoria: Clara.

Clara era hija de Ortolana, mujer de la noble familia de los Offreduzzi.

Tenía dos hermanas, Catalina y Beatriz, y vivían en un palacio que parecía más bien una fortaleza en la plaza de San Ru?no.

No la había visto muchas veces, pero sí las su?cientes, porque se podía aproximar y alejar de mi horizonte como un sueño maravilloso.

De ella me habían impresionado sus largos cabellos, de color rubio dorado, y sus ojos volitivos.

Creo que ella también me conocía. En Asís, más o menos nos conocíamos todos, por muchas celosías que hubiera; y cuando me convertí al Señor Jesús y empecé a llevar el Evangelio en el corazón, me enteré de que pensaba en mí con insistencia y me buscaba en demanda de ayuda.

Ella había sido siempre buena y no había tenido mi pasado inquieto pero me comprendía y me buscaba.

Aunque los tiempos no fueran fáciles para los encuentros serenos y claros entre un joven y una joven, nadie habría podido evitar nuestro encuentro.

Y el encuentro llegó…

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Temas: Pentecostés, la Venida del Espíritu Santo.

 Pentecostés, La Venida del Espíritu Santo.

Homilía del Papa Francisco en Pentecostés.

Queridos hermanos y hermanas:

PentostesEn este día, contemplamos y revivimos en la liturgia la efusión del Espíritu Santo que Cristo resucitado derramó sobre la Iglesia, un acontecimiento de gracia que ha desbordado el cenáculo de Jerusalén para difundirse por todo el mundo.

Pero, ¿qué sucedió en aquel día tan lejano a nosotros, y sin embargo, tan cercano, que llega adentro de nuestro corazón? San Lucas nos da la respuesta en el texto de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado (2,1-11). El evangelista nos lleva hasta Jerusalén, al piso superior de la casa donde están reunidos los Apóstoles. El primer elemento que nos llama la atención es el estruendo que de repente vino del cielo, «como de viento que sopla fuertemente», y llenó toda la casa; luego, las «lenguas como llamaradas», que se dividían y se posaban encima de cada uno de los Apóstoles. Estruendo y lenguas de fuego son signos claros y concretos que tocan a los Apóstoles, no sólo exteriormente, sino también en su interior: en su mente y en su corazón. Como consecuencia, «se llenaron todos de Espíritu Santo», que desencadenó su fuerza irresistible, con resultados llamativos: «Empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse». Asistimos, entonces, a una situación totalmente sorprendente: una multitud se congrega y queda admirada porque cada uno oye hablar a los Apóstoles en su propia lengua. Todos experimentan algo nuevo, que nunca había sucedido: «Los oímos hablar en nuestra lengua nativa». ¿Y de qué hablaban? «De las grandezas de Dios».

A la luz de este texto de los Hechos de los Apóstoles, deseo reflexionar sobre tres palabras relacionadas con la acción del Espíritu: novedad, armonía, misión.

  1. La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos, planificamos nuestra vida, según nuestros esquemas, seguridades, gustos. Y esto nos sucede también con Dios. Con frecuencia lo seguimos, lo acogemos, pero hasta un cierto punto; nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que el Espíritu Santo anime, guíe nuestra vida, en todas las decisiones; tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos. Pero, en toda la historia de la salvación, cuando Dios se revela, aparece su novedad – Dios ofrece siempre novedad -, trasforma y pide confianza total en Él: Noé, del que todos se ríen, construye un arca y se salva; Abrahán abandona su tierra, aferrado únicamente a una promesa; Moisés se enfrenta al poder del faraón y conduce al pueblo a la libertad; los Apóstoles, de temerosos y encerrados en el cenáculo, salen con valentía para anunciar el Evangelio. No es la novedad por la novedad, la búsqueda de lo nuevo para salir del aburrimiento, como sucede con frecuencia en nuestro tiempo. La novedad que Dios trae a nuestra vida es lo que verdaderamente nos realiza, lo que nos da la verdadera alegría, la verdadera serenidad, porque Dios nos ama y siempre quiere nuestro bien. Preguntémonos hoy: ¿Estamos abiertos a las “sorpresas de Dios”? ¿O nos encerramos, con miedo, a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta? Nos hará bien hacernos estas preguntas durante toda la jornada.
  1. Una segunda idea: el Espíritu Santo, aparentemente, crea desorden en el Iglesia, porque produce diversidad de carismas, de dones; sin embargo, bajo su acción, todo esto es una gran riqueza, porque el Espíritu Santo es el Espíritu de unidad, que no significa uniformidad, sino reconducir todo a la armonía. En la Iglesia, la armonía la hace el Espíritu Santo. Un Padre de la Iglesia tiene una expresión que me gusta mucho: el Espíritu Santo “ipse harmonia est”. Él es precisamente la armonía. Sólo Él puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, realizar la unidad. En cambio, cuando somos nosotros los que pretendemos la diversidad y nos encerramos en nuestros particularismos, en nuestros exclusivismos, provocamos la división; y cuando somos nosotros los que queremos construir la unidad con nuestros planes humanos, terminamos por imponer la uniformidad, la homologación. Si, por el contrario, nos dejamos guiar por el Espíritu, la riqueza, la variedad, la diversidad nunca provocan conflicto, porque Él nos impulsa a vivir la variedad en la comunión de la Iglesia. Caminar juntos en la Iglesia, guiados por los Pastores, que tienen un especial carisma y ministerio, es signo de la acción del Espíritu Santo; la eclesialidad es una característica fundamental para los cristianos, para cada comunidad, para todo movimiento. La Iglesia es quien me trae a Cristo y me lleva a Cristo; los caminos paralelos son muy peligrosos. Cuando nos aventuramos a ir más allá (proagon) de la doctrina y de la Comunidad eclesial – dice el Apóstol Juan en la segunda lectura – y no permanecemos en ellas, no estamos unidos al Dios de Jesucristo (cf. 2Jn 1,9). Así, pues, preguntémonos: ¿Estoy abierto a la armonía del Espíritu Santo, superando todo exclusivismo? ¿Me dejo guiar por Él viviendo en la Iglesia y con la Iglesia?
  1. El último punto. Los teólogos antiguos decían: el alma es una especie de barca de vela; el Espíritu Santo es el viento que sopla la vela para hacerla avanzar; la fuerza y el ímpetu del viento son los dones del Espíritu. Sin su fuerza, sin su gracia, no iríamos adelante. El Espíritu Santo nos introduce en el misterio del Dios vivo, y nos salvaguarda del peligro de una Iglesia gnóstica y de una Iglesia autorreferencial, cerrada en su recinto; nos impulsa a abrir las puertas para salir, para anunciar y dar testimonio de la bondad del Evangelio, para comunicar el gozo de la fe, del encuentro con Cristo. El Espíritu Santo es el alma de la misión. Lo que sucedió en Jerusalén hace casi dos mil años no es un hecho lejano, es algo que llega hasta nosotros, que cada uno de nosotros podemos experimentar. El Pentecostés del cenáculo de Jerusalén es el inicio, un inicio que se prolonga. El Espíritu Santo es el don por excelencia de Cristo resucitado a sus Apóstoles, pero Él quiere que llegue a todos. Jesús, como hemos escuchado en el Evangelio, dice: «Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros» (Jn 14,16). Es el Espíritu Paráclito, el «Consolador», que da el valor para recorrer los caminos del mundo llevando el Evangelio. El Espíritu Santo nos muestra el horizonte y nos impulsa a las periferias existenciales para anunciar la vida de Jesucristo. Preguntémonos si tenemos la tendencia a cerrarnos en nosotros mismos, en nuestro grupo, o si dejamos que el Espíritu Santo nos conduzca a la misión. Recordemos hoy estas tres palabras: novedad, armonía, misión.

Temas : El Otoño, Tiempo de Soltar….

 Otoño, tiempo de soltar….

otoño 560El otoño, tiempo de limpieza, nos invita a desprendernos de lo viejo, de lo que no nos sirve. Es un tiempo para dejar espacio..  tiempo de soltar, de dejar caer… como los arboles dejan caer sus hojas viejas que ya no les sirven.

Es un tiempo de conectar y liberar para permitirnos expresar lo que somos, para SER… en libertad.

(Tomado de La Buhardilla de Yiyi. Editado por Fondacio.)

En el mes de mayo inicié un proceso de limpieza de mi closet, comencé desde la parte más alta, pasando por el fondo más oscuro, a ese que nunca llego. Tiraba  las cajas, paquetes, bolsas, las llevaba a la luz, las abría y exploraba en ellas…

Eran “cosas” que se guardaban por si algún día… las íbamos a necesitar, porque son “útiles”, pero “pasaron de moda”…Había sábanas de las cunas de mis hijos que por los efectos del tiempo y la humedad ya no tenían ni siquiera el aspecto de aquella bella época de bebe.  Habían radiografías mías y de mi marido de una data de diez años!

Había una caja con recuerdos de mi adolescencia… cartas, souvenirs, tarjetas de cumpleaños que ya ni recordaba cuándo y quién me las había regalado!

Entonces…  ¿qué hacer con todo aquello que estaba perdido en el fondo del closet entre el polvo, la humendad y el tiempo del olvido?

Primero, fui tomando con amor en mis manos cada elemento acumulado del pasado histórico familiar, personal y matrimonial, lo sentía, regresaba a aquel momento cuando había sido importante, útil y nuevo y lograba disfrutar como fue en aquel entonces.

Luego lo bendecía y agradecía por el servicio prestado para mi aprendizaje…

Finalmente, lo soltaba para decirle definitivamente…

Chauuuuuuu,  adiós….

A  Dios, ¡sí!, lo entregaba  en las ¡mejores manos!, en las manos de Dios. Y si alguien más pudiera beneficiarse de ese objeto, El me lo indicaría a través de su amor ilimitado para dejarlo en el lugar indicado.  De esta forma fui repasando todos los sectores del departamento.

Luego pedí a mi hijo y mi marido que hicieran parecido … encargándose ellos mismos de soltar lo “viejo” y dejar espacios libres para lo nuevo en sus vidas. Al observarlos contemplé el sagrado espacio personal de saber lo que puedo y quiero soltar y el momento para hacerlo, así como también, mi oportunidad de respetar esa decisión. Observé también el dolor que surgía frente a la posibilidad de desprenderse de ciertas cosas, pues aún permanecían en sus vidas, esperando el mejor momento para partir. (más…)

El Grano de Trigo

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El Grano de Trigo

 

Tomado de www.mensaje.cl , del 23/3/2015

 

Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida, la salvará (Juan 12:24).

La gente vive apegada a sus cosas. La necesidad creada es el motor de la sociedad contemporánea. Al menos, para aquel treinta por ciento que participa de ella. Hay una tremenda tarea pendiente para todo cristiano, la de encontrar un lugar en la mesa para la vasta mayoría que vive desposeída, marginada y olvidada; los que viven, en verdad con menos de lo necesario.

Un primer paso, el desapego. Los apegos, los que san Ignacio llamaba los afectos desordenados, son el mayor obstáculo para la libertad. Enceguecen. La falsa ilusión de necesidad determina las opciones. La gente hace, con su vida, lo que tiene que hacer para obtener, mantener y asegurar las cosas que cree tan necesarias. Vivimos en la época del consumo.

Los participantes de esta gran estafa se creen libres, porque pueden ganar y gastar. Se creen ricos, porque pueden endeudarse para acumular chatarra. Al contrario, son esclavos del faraón moderno. Trabajan como animales para erigir monumentos a sus opresores. Son recompensados con miles de productos nocivos que hacen girar grandes cuentas bancarias. Viven ansiosos para acumular más cosas; angustiados pensando que las pueden perder.

Mira por tu ventana. Tarde o temprano, todo eso va a quedar en ruinas. El delirio de urgente necesidad es mentira. La obligatoria ansiedad por tener y consumir es el látigo del capataz. Se trabaja de balde. El esfuerzo humano por salvarse mediante la acumulación de bienes es todo en vano. Confiamos en las normas y los procedimientos, creyendo que nos van a salvar, pero son parte del régimen. Somos esclavos. Podríamos quedar libres.

Las cosas que tanto nos urgen no importan mucho. Ni riqueza, ni pobreza; ni honor, ni deshonor; ni salud, ni enfermedad; ni vida larga, ni vida corta. La paradoja de la salvación es que la vida plena se alcanza sólo cuando todo se pierde. El enigma es que se logra la libertad, no en la satisfacción de los apegos, sino en la superación de ellos. El misterio del amor profundo es que nace cuando muere el deseo disperso.

La televisión homenajea la intensidad apasionada de los peores. Los íconos del nuestro éxito son capaces de grandes crueldades para asegurar lo suyo. Se forma a los niños desde pequeños para competir y merecer, para desear los triunfos efímeros. Es como invitarlos a hacerse adictos de una droga mortal, la misma que atormenta a todos. Los formamos para hacer de esta vida un infierno competitivo, despiadado y brutal.

La religión muchas veces cae en el juego. Viene al rescate con la promesa de vida eterna después de la muerte, para quienes, tranquilamente apegados a las ilusiones más destructivas de nuestro tiempo, pierden sus vidas en el presente.

Colamos las moscas y nos tragamos los camellos. Desviamos la atención a los pecaditos personales, para no ver el gran apego que esclaviza. Se idolatra el control, como si por ahí viniera la salvación. Los fieles inútilmente intentan manipular los objetos de sus apegos, a veces, mediante grandes sacrificios, sin jamás cuestionarlos. Así es su religión. (más…)

El Sentido del sufrimiento… Viviendo la Cuaresma.

El Sentido del Sufrimiento… Viviendo la Cuaresma

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Extracto tomado del boletín “Iglesia en misión” del Arzobispado de Santiago.

 

 

 

 

 

 

 

“El que no ha sufrido no sabe nada”…

El sufrimiento, el dolor son realidades que cada vez más chocan con nuestra vida, con impactos que generan crisis, depresiones, rechazo.   Por eso la tendencia es evitar los sufrimientos, porque no tienen sentido.  Para qué sufrir.  En este artículo el padre Marek Burzawa MSF (Misionero de la Sagrada Familia), vicario de la Zona Centro, nos ofrece luces importantes para asumir estas realidades desde la fe cristiana, especialmente en este tiempo de cuaresma.

Sabemos que el sufrimiento forma parte de la existencia humana.  Todos los seres humanos, de una u otra manera, en nuestra vida, conocimos el sufrimiento.  Quien dice que nunca ha sufrido es un mentiroso, porque el sufrimiento hace parte de nuestra vida.  Un escritor y teólogo francés  del siglo XVII-XVIII, Fénelon (1651-1715), dice que “el que no ha sufrido no sabe nada; no conoce ni el bien ni el mal; ni conoce a los hombres ni se conoce a sí mismo”.

A nadie le gusta sufrir, y lógicamente, tratamos de limitar el sufrimiento, luchar contra él, pero no podemos suprimirlo.  El Papa Benedicto XVI, en su encíclica “SPE SALVI”, dice: “Cuando los hombres, intentando evitar toda dolencia, tratan de alejarse de todo lo que podría significar aflicción, cuando quieren ahorrarse la fatiga y el dolor de la verdad, del amor y del bien, caen en una vida vacía en la que quizás ya no existe el dolor, pero en la que la oscura sensación de la falta de sentido y de la soledad es mucho  mayor aún.  Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito” (SS,nº37).

Gracias al sufrimiento, podemos descubrir mejor lo que es realmente la vida y ese conocimiento y esa sabiduría de la vida,  acrisolada y madurada en nuestro dolor, podemos transmitirla a otras personas.  A través del sufrimiento, podemos ser testigos del Señor.  El Papa San Juan Pablo II, dirigiéndose a los enfermos, les decía: “les doy las gracias por esta “predicación” que vosotros nos hacéis mediante el dolor que soportáis pacientemente. Esa predicación no la puede sustituir púlpito alguno, ninguna escuela, ninguna lección.  Con vuestro dolor podéis afianzar a las almas vacilantes, volver a llamar al camino recto a las descarriadas, devolver serenidad y confianza a las dudosas y angustiadas.  Vuestros sufrimientos, si son aceptados y ofrecidos generosamente en unión de los del Crucificado, pueden dar una aportación de primer orden en la lucha por la victoria del bien sobre las fuerzas del mal, que de tantos modos acechan a la humanidad contemporánea”.

El tiempo de cuaresma que estamos viviendo, es un tiempo privilegiado para redescubrir el sentido más profundo del sufrimiento y poner nuestra mirada en la persona de nuestro Salvador Jesucristo.  Él ha venido como samaritano bueno y compasivo que se inclina amorosamente sobre las llagas del hombre.  Es el Médico que ha dado una nueva dignidad y la garantía de una vida perenne también al cuerpo humano, para una existencia sin más lágrimas y sufrimientos.

¿Vacaciones o Descanso?

¿Vacaciones o Descanso?

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Tomado del texto: “Perversiones del descanso cristiano” de Patxi Álvarez De los Mozos,Sj.











El séptimo día es el tiempo en el que Dios deja a las cosas que sean, como diferentes de él, autónomas y consistentes, y disfruta con ellas. Es también tiempo para el desarrollo de los seres humanos, para construir fraternidad, familia, hogar. Así lo entendieron los judíos  quienes  probablemente hayan sido capaces de mantener su identidad como pueblo durante tantos siglos de diáspora y persecución gracias a su meticuloso respeto del sábado. Y es también tiempo sagrado,tiempo privilegiado para dirigir nuestra mirada hacia Dios, para comprender desde él el sentido de las cosas.Tal vez sean éstos, pues, los tres ejes que estructuran el sentido último del descanso:

– Tiempo para dejar a las cosas que sean y gozar  con ellas, para permitir  también que lo humano nuestro se desvele y resplandezca. Un espacio  para cultivar  activamente la pasividad.

– Tiempo para los demás, para disfrutar de las  relaciones humanas, para celebrar y acrecentar la unión fraterna, para saborear alegrías y tristezas  ajenas.

– Tiempo para Dios, para asomarnos al misterio  que late en lo profundo de la vida y rendirnos ante él, para descalzarnos ante lo sagrado y contemplar.

De tal modo que el descanso cristiano, como las  demás dimensiones de nuestra vida, encuentra su ubicación adecuada desde nuestra condición de hijas e hijos de este Dios y seguidores de Jesús.

Hay quien entiende que el descanso es el momento de hacer lo que nos viene  en gana. Para los cristianos es más bien la ocasión de dar su auténtico relieve a lo que somos nosotros, a lo que son los demás y a lo que es la primacía de Dios, Por tanto, tiempo para ser.

Y si en esta Navidad…

 Reflexiones del Padre Álvaro González 

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…Y si en esta Navidad se iluminaran mis ojos y empezara a ver el mundo, las personas y las tareas con la mirada de Jesús.

¿Cuánto cambiaría mi vida y mi quehacer?

Y si en esta Navidad se nos ensanchara el corazón  y nos trajera el don de una gran amistad que nos mueva a relacionarnos de manera distinta con todo tipo de personas para que muchos no sufran soledad.

Seriamos hombres y mujeres notables, constructores de cercanía.

Y si en esta Navidad pidiéramos a Dios que se nos despertara la sed de conocer y de gustar la bondad y los tesoros que residen en las entrañas de cada hombre y de cada mujer, de los niños y de los ancianos, y poder entrar en el misterio de Dios.

Nuestra inteligencia y nuestro corazón se llenarían de sabiduría.

Y si en esta Navidad le rogáramos a Dios empezar a recorrer caminos novedosos que nos permitieran encontrar las fuentes de la vida y la alegría de un amor renovado.

Podríamos ser testigos de la sonrisa de Dios en un contexto de personas llenas de tensiones.

Y si en esta Navidad le pidiéramos al niño de Belén ponernos junto al pesebre para aprender a vivir con sencillez, junto a María, José y los pastores.

¿Que tendríamos que dejar partir de nuestra vida, y que de nuevo dejar entrar?

Y si en esta Navidad el Señor Jesús golpeara la puerta de nuestra casa y nos pidiera que lo que más quiere es estar para siempre con nosotros y enseñarnos a vivir como cristianos.

¿Qué diríamos?  ¿Qué pasaría en nuestro interior?

Adviento es el tiempo en el que Jesucristo nos recuerda que Él no se cansa de salir a buscarnos donde quiera que estemos.

Adviento es una hermosa ocasión de ver brotar las semillas del Reino que en medio de tantos afanes no las hemos descubierto y cultivado.

¿cómo descansa Dios?

¿Cómo Descansa Dios?

 Extracto tomado de la presentación del Padre Benito Rodríguez Abad Benedictino, en el Encuentro Interreligioso ante representantes de las comunidades judía, católica, ortodoxa, luterana y anglicana.  (12 de Noviembre 2014)

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El descanso permite tomar distancia, vaciarnos y hacer crecer el espacio disponible en nuestro interior. Soltar el control, dejar de organizar y planificar, detener por un momento el hacer productivo, para darse simplemente un tiempo para pasearse por el jardín a la hora de la brisa es una hermosa imagen de lo que debiera ser un tiempo ideal dedicado al descanso, un auténtico recreo.

Pero al hombre le cuesta pasearse por el jardín a la hora de la brisa, le cuesta tomarse un tiempo de descanso, de ocio, porque se aburre, y en el aburrimiento entonces es tentado (aparece la necesidad de divertirse y entretenerse). Al hombre le cuesta vivir el tiempo presente, le resulta más fácil hacer y producir, le es más fácil vivir fuera de sí que habitar consigo mismo, no sabe vivir en el paraíso, que es ese jardín que comparte con Dios, y que está en el lugar más íntimo de su propio corazón. En cambio Dios sí que sabe descansar, porque lo pasa bien paseándose por el jardín (el corazón del hombre) a la hora de la brisa. (más…)

Papa Francisco: Unidad en la Diversidad

 Papa Francisco: Unidad en la Diversidad

Extracto de las palabras dirigidas durante la Conferencia Internacional del Movimiento Carismático, del 30 de octubre al 2 de noviembre en Roma.

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“Buscar la unidad que es obra del Espíritu Santo y no temer la diversidad”. Esta ha sido la invitación del santo padre Francisco a los más de mil integrantes reunidos en la sala Pablo VI. Y reiteró que “tampoco es perder la identidad”, porque “la unidad en la diversidad es precisamente lo contrario; es reconocer y aceptar con alegría los diferentes dones que el Espíritu Santo da a cada uno y ponerlos al servicio de todos en la Iglesia. Es saber escuchar, aceptar las diferencias, tener la libertad de pensar de forma diversa y manifestarlo”.

Recordó que en laexhortación Evangelii gaudium indicó que “el modelo no es la esfera”, sino “el poliedro que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en ella mantienen la originalidad, pero son una unidad”.

El Papa recalcó que la Iglesia y todos los cristianos necesitan abrir su corazón a la acción santificadora del Espíritu que se revela en Cristo y nos lleva al encuentro personal con él. ”¿Vivís esta experiencia? -preguntó- ¡Compartidla! Y para compartirla hay que vivirla y ser testigos de ella”.

El Santo Padre ilustró con un ejemplo el funcionamiento de la vida espiritual: ”La respiración tiene dos fases: inhalar, o sea meter el aire dentro y exhalar, esto es, dejarlo salir. La vida espiritual se alimenta, se nutre con la oración, y se manifiesta en la misión: inhalación, la oración, y exhalación.

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La Confianza: Gratuidad y Responsabilidad

La Confianza: Gratuidad y Responsabilidad

Tomado del libro: “Un diálogo para la Vida. Hacia el encuentro entre judíos y cristianos”, de la rabina Silvina Chemen y el focolarino Francisco Canzani. Publicado por la editorial Ciudad Nueva.

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Es difícil hablar de la confianza, la herramienta para el diálogo que nos ocupa ahora, sin recurrir a la experiencia personal. Todos – y yo también- hemos vivenciado lo que significa dar confianza y recibirla. Es una experiencia fuerte y verdadera, que se puede vivir en cualquier vínculo humano y que es necesaria para que ese vínculo sea tal. Sin confianza, nunca pasamos de una mera fachada de relación humana que no nos aporta demasiado.

La confianza nos hace crecer, nos permite expresarnos cabalmente, nos impulsa a buscar lo más serio y auténtico que hay en nuestro interior para darlo a quien nos la otorga. Es esa mirada que permite que el camino de diálogo se desarrolle. Sin ella andamos sin rumbo, a tientas, porque el interlocutor, el otro, será siempre para nosotros un extraño a quien temerle o al menos de quien cuidarnos. Otro tanto le sucederá al otro que deba pararse frente a nosotros.

Les cuento una experiencia personal. Estaba organizando junto a un grupo de amigos judíos una actividad de encuentro judeo-cristiano. Era un trabajo bien práctico, que exigía concentración y precisión. En aquel momento era un hombre muy joven; los que trabajaban conmigo, en cambio, eran mayores y muy competentes en su campo.

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