Mi Alma Tiene Prisa

de Mario de Andrade

 

Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…

Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces: los primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.

Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.

No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.

No tolero a manipuladores y oportunistas.

Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.

Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.
Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.

Quiero la esencia, mi alma tiene prisa…

Sin muchos dulces en el paquete…

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír de sus errores.
Que no se envanezca con sus triunfos.
Que no se considere electa antes de hora.
Que no huya de sus responsabilidades.
Que defienda la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.

Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas…
Gente a quien los golpes duros de la vida le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.

Sí… tengo prisa… por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.

Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dulces que me quedan…
Estoy seguro que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando te das cuenta que sólo tienes una.

La Gracia de la Intimidad Mariana

Ciertas almas reciben una vida de unión con María por una gracia especial; a propósito de esta gracia, Neubert, ha reunido varios testimonios muy significativos.

virgenEl P. Chaminade, fundador de los marianistas, escribió: Existe un don de presencia habitual de la Santísima Virgen, como existe un don de presencia habitual de Dios, muy raro, es cierto, pero accesible, sin embargo, por una gran fidelidad. Como explica Neubert, se trata de la unión mística normal y habitual con María.

El venerable L. Cestac. que también tuvo este don decía: No la veo, pero la siento como el caballo siente la mano del jinete que la guía. 

María de Santa Teresa dice también: Esta dulce madre me ha tomado bajo su maternal dirección, igual que la maestra lleva la mano del niño para enseñarle a escribir. Permanece casi sin interrupción ante mi alma, atrayéndome de una manera maravillosamente amable y maternal, sonriéndome, estimulándome, conduciéndome e instruyéndome en el camino del espíritu y en la práctica de la perfección de las virtudes, de suerte que no pierdo un solo instante el gusto de su presencia al lado de la de Dios.

Produce la vida divina por un influjo perceptible de gracias operantes, atentas, fortificantes y solicitantes. La naturaleza del amor estriba en unirse al objeto amado. En este sentido, el amor muy tierno, violento, que abrasa y unifica, conduce el alma que ama a María a vivir con Ella, a fundirse con Ella, a unirse con Ella y conlleva a otros efectos y transformaciones. Así sucedió durante gran parte de la vida de esta sierva de Dios.

Dicen ciertas almas de gran intimidad mariana: Nunca he experimentado la presencia de María en mí, pero sí una presencia muy próxima, lo más próxima posible; y una gran alegría de saberla feliz. Hemos conocido a un santo cartujo que decia: Yo sufro, pero Ella es dichosa.

En un bellísimo articulo ya citado, dice Nicolás, O. P., hablando de un santo religioso, Vayssière: María era el medio universal, la atmósfera misma de su vida espiritual. Ese estado de desprendimiento y de total y purísima unión con Dios, en quien vivía era Ella quien lo creaba en él, quien lo mantenía y quien lo había querido. La Santísima Virgen lo ha hecho todo. Le debo todo, decía a menudo. María había sido la Madre que le exigía el sentimiento de su pequeñez, la dulzura suprema en lo más profundo de su renunciamiento, la fecundidad de su soledad y la inspiradora de su oración. No era consciente de ninguna de las gracias de Dios sin ser consciente, al mismo tiempo tiempo, de la vía por la que éstas le llegaban. No todos los santos se sitúan así en el corazón de la Santísima Virgen como en el centro de su vida espiritual. Para llegar a ello hace falta una luz, una revelación de la Santísima Virgen, que presupone una elección por su parte. Es Ella, decía, quien nos forma. El camino de fidelidad es filial a María consiste en revivir la misma vida de Jesús en Nazaret. El P. Vayssière también decía: Mientras más pequeño se hace uno, mas unido a su madre cuanto más débil y pequeño es … En el Plano divino, la perfección de la vida en María.

Comprendemos aquí las relaciones profundas de la mariología y la vida interior, verdad elemental para todo cristiano; cuando se las escruta y se las pone en práctica.

Texto tomado del libro “La Madre del Salvador” de R. Garrigou-Lagrance editorial “Patmos”

La Solidaridad, frases de Santa Teresa de Calcuta

La preocupación por los demás es el comienzo de la gran santidad. Si aprenden a pensar en los demás se parecerán siempre más a Cristo. Su corazón siempre pensó en las necesidades de los demás. Nuestra vocación, para que sea auténtica, debe estar llena de esta preocupación por los demás. Por eso Jesús pasó haciendo el bien. En Caná, María no hizo otra cosa que pensar en las necesidades de los demás y hacérselas conocer a Jesús. La sensibilidad de María y José fue tan grande que hizo de Nazaret la morada del Altísimo.

Solidaridad

Debemos llegar al corazón de los demás. Para llegar al corazón, debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance, ya que el amor se demuestra en las obras. La gente se siente atraída más por lo que ve que por lo que escucha. Por lo tanto, no pierdan el tiempo en encuentros y reuniones. Si las personas nos quieren ayudar, entonces déjenlos que vengan y vean. La realidad es más atractiva que una idea abstracta. Traten de poner en los corazones de sus hijos el amor por el hogar. Inspírenles el deseo de estar con sus familias.

 

Sean fieles en las pequeñas cosas, porque en ellas radica nuestra fuerza. Para el buen Dios, nada es pequeño. Él es tan grande y nosotros tan pequeños, pero se rebaja y nos envía esas pequeñas ocasiones para darnos la posibilidad de demostrarle nuestro amor. Por el solo hecho de que provienen de Él, no son pequeñas sino muy grandes, infinitas. Por eso, sean fieles a los pequeños gestos de amor, para que en sus corazones crezca la santidad y se asemejen cada vez más a Cristo.

 

Rezo para que comprendan las palabras de Jesús: Ámense los unos a los otros como yo los he amado. Pregúntense a ustedes mismos: ¿Cómo me ha amado Jesús? ¿Amo a los demás con la misma intensidad? Si ese amor no está en nosotros, podemos matarnos trabajando, que ese trabajo será sólo eso: trabajo; pero no será amor. El trabajo sin amor es esclavitud.

Textos tomados del libro Los Cinco Minutos de la Madre Teresa, Editorial Claretiana.

 

El Islam

Amoris Laetitia Exhortación Apostólica del Papa sobre el amor en la familia.

Tomado de reflexiones en frontera del jesuita Guillermo Ortiz, de Radio Vaticano, www.radiovaticana.va

Queridos Amigos:

Ya está en manos de obispos, sacerdotes y laicos la Exhortación apostólica del Papa, fruto de los dos Sínodos sobre la familia. Junto a cada uno de los textos de la Exhortación enviados por Francisco a los Obispos hay una breve carta que dice: Vaticano 8 abril 2016 Querido hermano: Invocando la protección de la Sagrada Familia de Nazaret, me complazco de enviarle mi Exhortación “Amoris laetitia” para el bien de todas las familias y de todas las personas, jóvenes y ancianas, confiadas a tu ministerio pastoral. Unidos en el Señor Jesús, con María y José, le pido que no se olvide de rezar por mí. Franciscus

Amoris-LaetitiaLa Exhortación tiene como corazón espiritual el capítulo cuarto que trata del amor en el matrimonio. Es una colección de fragmentos de un discurso amoroso que está atento a describir el amor humano en términos absolutamente concretos. La profundización psicológica entra en el mundo de las emociones de los conyugues –positivas y negativas- y en la dimensión erótica del amor. Se trata de una contribución extremamente rica y preciosa para la vida cristiana de los conyugues, que no tiene hasta ahora parangón en precedentes documentos papales.

A su modo este capítulo constituye un tratado dentro del desarrollo más amplio, plenamente consciente de la cotidianidad del amor que es enemiga de todo idealismo: “no hay que arrojar sobre dos personas limitadas –escribe Francisco- el tremendo peso de tener que reproducir de manera perfecta la unión que existe entre Cristo y su Iglesia, porque el matrimonio como signo implica “un proceso dinámico, que avanza gradualmente con la progresiva integración de los dones de Dios” (AL 122). Pero por otra parte el Papa insiste de manera fuerte y decidida sobre el hecho de que “en la naturaleza misma del amor conyugal está la apertura a lo definitivo” (AL 123), propiamente al interior de esa “combinación de alegrías y de fatigas, de tensiones y de reposo, de sufrimientos y de liberación, de satisfacciones y de búsquedas, de fastidios y de placeres” (AL 126) está, precisamente, el matrimonio.